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El monasterio de Santa Clara

Frente al Hotel Villa Antigua en Sucre, en la calle Calvo esquina Avaroa, se encuentran el convento, la iglesia y el museo de Santa Clara. Las monjas del Monasterio de Santa Clara son parte del patrimonio vivo de la ciudad de Sucre donde su convento existe desde hace 381 años. El periódico sucrense Correo del Sur publicó en su revista ECOS del domingo 18 de junio de 2017 un lindo reportaje sobre la historia y situación actual de las monjas que habitan el monasterio. Acá una versión abreviada del artículo.

  • Santa Clara

El convento siempre tiene abierta su enorme puerta verde al lado de la calle Avaroa. Al fondo, ubicado a los pies de un mural que recuerda el año de creación de la congregación hace algo más de 800 años en Asis Italia, está “el torno”, un mecanismo colonial, que deja pasar objetos de un lado al otro girando sobre su propio eje, sin tener ningún contacto visual. Es el medio usual a través del cual se establece contacto con las clarisas de Sucre, ya sea para comprarles masitas o dulces o encargar alguna manualidad.


Actualmente son 20 las monjitas que habitan el apacible inmueble patrimonial, aunque alguna vez llegaron a ser 300. Como antes, las clarisas de ahora fundamentan su vida en la fraternidad, la oración, el servicio y el trabajo de sus manos, adoptando el ejemplo de Santa Clara y de San Francisco de Asis.


En Bolivia hay cinco conventos de clarisas: en Sucre, Cochabamba, Coroico, San Ignacio y Puerto Suárez. Sumadas todas las Clarisas de Bolivia, no son más de 50.

Historia

La Orden de Las Hermanas Pobres de Santa Clara (Clarisas) tiene algo más de 800 años desde su creación en Asis, Italia, en 1212. Su fundadora, Clara, fue alentada por el carisma de San Francisco, al que ella admiraba como pobre itinerante. Comenzó con un grupo de jóvenes que querían asemejarse a los pobres, vivir del trabajo de sus manos o pedir limosna para cubrir alguna necesidad. Como hermanas que se ayudan entre ellas, habitaron la célebre iglesita de San Damián, la misma que Francisco restauró de las ruinas años antes en Asís.


La fama de Clara se extendió rápido y a las mujeres les gustaba la vida que hacía. Otras fueron fundando casas en sus propias ciudades, como fue el caso de la princesa Inés de Praga que construyó un convento. En vida de Clara se fundaron más de 20 conventos en Europa.

Las Clarisas en Sucre

En Sucre, el convento fue fundado en 1636 por María Zeballos y Vera, una dama sin hijos, viuda de Jerónimo Maldonado Buendía. Ella decidió seguir al Señor y entregó su fortuna y el trabajo de sus manos para construir el actual convento. Antes de que sea convento, primero fue casa de retiro para acoger a jóvenes solas en similar situación que ella, para brindarse auxilio mutuo y dedicarse al Señor.


Zeballos, frente a la enorme necesidad espiritual de las jóvenes, decidió conformar una congregación. Con ayuda de los Franciscanos asentados en Sucre, solicitó al Rey de España Felipe IV, autorización para fundar la Orden de Santa Clara. Cuando la misma fue conferida en 1636, pidió a las Clarisas de Cuzco apoyo para la formación de la vida contemplativa y la espiritualidad “Franciscana Clariana”. Llegaron tres hermanitas trayendo una imagen de Santa Clara para tomar los roles de Abadesa, Vicaria y Maestra para guiar a las entonces 13 señoritas que tomaron el hábito. Llegaron a ser alrededor de 300.


María Zeballos, descendiente de españoles y chuquisaqueña de nacimiento, construyó el convento en sus terrenos, abarcando en algún momento el manzano completo. Asumió el cargo de abadesa al fallecer la primera. La iglesia recién se construyó casi al término del Siglo XVII.


Actualmente son 20 las clarisas que habitan en Santa Clara, su abadesa es la hermana Simona Ríos. A su entorno, cuatro colaboradoras llamadas “discretas” y las otras clarisas son parte del capítulo conventual y de formación inicial. La mayoría son jóvenes, la menor tiene 20 años y la mayor de todas 97.

Su formación conventual

Comienza en la etapa llamada “Experiencia” que abarca un mes sin compromiso y luego viene el “Aspirantado” de tres meses que es una prolongación del anterior para dar a las mujeres mayor seguridad en su decisión. Al cabo de los primeros cuatro meses, comienza el “Postulantado” que dura un año, luego siguen dos de “Noviciado”, tres de “Juniorado o de Votos Simples” que puede abarcar de tres a seis años, lapso en el cual la novicia puede finalmente dar sus Votos Solemnes y Perpetuos.


“Por las nuevas vocaciones solo rezamos para que vengan. Muchas son jóvenes que no saben qué hacer con su vida y quieren ir al Señor pero los papás siempre se oponen. Oramos para que tengan el suficiente valor de seguir su sentimiento”, dice la clarisa Sor Juana, enfatizando que ahora las jóvenes vienen al convento por decisión libre.

  • Galeria interna del convento Santa Clara, frente al hotel

Sus medios de subsistencia

La principal actividad de las Hermanas se centra en la producción de finas masitas que comercializan en “La Casita de Clara”, una acogedora cafetería ubicada en el mismo edificio, manteniendo recetas tradicionales e innovando nuevas, de acuerdo a la demanda. Entre la variedad de galletas están las de almendra, agua, anís, palitos de queso, chocolate, canela o vainilla. Pero también tienen alfajores, y rollitos de queso, pan dulce, cuñapés, humintas en horno u olla y por supuesto las empanadas y salteñas Santa Clara con la receta original.


También realizan a pedido trabajos manuales en bordado, ganchillo o tejido. Sus manteles bordados son célebres.
Las clarisas se mantienen con las ventas de sus productos y no reciben ningún emolumento por parte de la iglesia o del Estado.

La rutina de una Clarisa

La orden no fue fundada para estar dentro de un claustro, pero con el tiempo los Papas fueron imponiendo normas de vida contemplativa en los conventos. Las Clarisas, si así lo desean pueden salir a la calle para resolver temas urgentes como ir al médico, hacer trámites o las compras. “Nuestra mística es la fraternidad, nos dedicamos a la oración, pero no es un requisito cerrado vivir dentro de un claustro, es opcional”, aclara Sor Juana.

  • Despiertan a las 5:30 a.m. y a las 6:00 ya están orando hasta las 8:00. Leen tres salmos, la dos lecturas del evangelio y de los padres de la iglesia, por ejemplo de la vida de un santo. También incluyen lecturas breves y cánticos de Zacarías. Luego realizan la oración personal y meditación.
  • A las 8:00 desayunan juntas y el trabajo comienza a las 8:30 haciendo labores de casa y el trabajo de repostería.
  • 12:00 a.m. rezan antes del almuerzo y se dan ese tiempo para compartir entre hermanas.
  • 13:30 a 15:00 es el tiempo de silencio, un descanso no solo para el cuerpo, sino sobre todo para un recogimiento personal que permita meditar por ese medio día transcurrido y pedir perdón a Dios por cualquier falta cometida. “Es un encontrarse con una misma”, dice la hermanita Juana.
  • Desde las 15:00 hasta las 17:00 tienen tiempo para realizar trabajos manuales y de ornamentos por encargo, desde manteles bordados o pintados, hasta cordones y rosarios.
  • A las 17:00 rezan el misterio del día en el rosario y luego van a la misa diaria de las 18:30 abierta para el pueblo.
  • A las 19:30 comparten la cena y luego tienen un momento de recreación donde juegan y hasta bailan. También ven películas de los santos y eventualmente noticias.

El museo

El museo de Santa Clara, ubicado frente al Hotel Villa Antigua en la calle Calvo es uno de los más místicos de Sucre.


En el coro alto están los cuadros de pintores como Bernardo Bitti, Gaspar Miguel de Berrio o Melchor Pérez de Holguín, esculturas en madera de cedro, mantelería fina con pedrería que bordaban las hermanas Clarisas, báculos y otros artilugios de plata, sillones, libros litúrgicos, iconografía de la vida contemplativa, además de instrumentos musicales barrocos, bargueños donde guardaban pedrería fina, entre otras maravillas. El tesoro del museo es el órgano del Siglo XVII que está restaurado y es tocado en ocasiones especiales.

  • santa_clara2

Abajo está la cripta donde fueron enterradas las hermanitas en siglos pasados y hasta hace 50 años atrás. La gente también puede visitar la iglesia y dar una vuelta por el claustro de las monjitas que ahora está vestido de gala gracias los murales barroco mestizos de 1707, recientemente restaurados con el apoyo de la Embajada Alemana.

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